¿Es suficiente el crecimiento económico y la creación de empleo para reducir la desigualdad y la pobreza?

2 de febrero de 2018. Jesús Gascón Catalán.

En la primera entrada en el blog anunciaba la publicación, con acceso libre, del documento “Desigualdad, pobreza, gasto social e impuestos: las otras primas de riesgo españolas”.

Este es el enlace:

https://www.dropbox.com/s/7sutob73ky3gg4l/Las%20otras%20primas%20de%20riesgo%20espa%C3%B1olas.%20Jes%C3%BAs%20Gasc%C3%B3n.pdf?dl=0

Como mi intención es ir presentando en nuevas entradas en el blog las conclusiones y propuestas del trabajo, me pongo a ello.

Para los principales organismos internacionales reducir la desigualdad es compatible con el crecimiento económico. El FMI y la OCDE han publicado diversos estudios en ese sentido.

Por ejemplo, Dabla-Norris estima que, si el 20% de la población que más gana aumenta un punto porcentual en su participación en los ingresos globales del país, en los cinco años siguientes el impacto en el crecimiento del PIB de esta variación en la distribución de los ingresos será negativo (en un 0,08%). Sin embargo, si es el 20% que menos gana quien aumenta en un punto su participación en los ingresos totales, en este caso el crecimiento del PIB será un 0,38% mayor. Para este autor, aunque no exista una receta universal válida para todos los países, crecimiento e igualdad han de ser objetivos complementarios.

Ostry reconoce que la relación entre desigualdad y crecimiento es compleja, así cierta desigualdad puede operar como incentivo para la inversión y el crecimiento, pero la desigualdad también puede ser perjudicial. Para él, para un nivel dado de redistribución, existe correlación entre la reducción de la desigualdad y un crecimiento económico más rápido y duradero. Ostry considera que la redistribución es generalmente benigna en términos de crecimiento, excepto en casos extremos. En cualquier caso, advierte que, aunque hay correlación, no se puede concluir que exista un gran trade-off entre redistribución y crecimiento.

Por su parte, la OCDE estima que el aumento de la desigualdad hizo que sus países miembros dejasen de crecer un 8,5% en dos décadas y media, lo que pone de manifiesto que el impacto puede ser reducido en términos anuales, pero significativo cuando se consideran escenarios de largo plazo.

Me quedo con tres ideas: se puede reducir la desigualdad sin perjudicar el crecimiento económico, es más su reducción puede favorecer el crecimiento en el largo plazo, cada país tiene que encontrar su fórmula porque no hay talla única y la dosis de la medicina tiene que ser adecuada ya que en casos extremos la redistribución sí que puede lastrar el crecimiento.

Por otra parte, existe un amplio consenso sobre la necesidad de reducir la pobreza, aunque haya mayores discrepancias sobre la forma de conseguirlo.

¿Y en España? Lo primero que tenemos que ver es si realmente se está reduciendo la desigualdad y la pobreza. Después de largos años de crisis económica, el PIB está creciendo y la tasa de desempleo disminuye. El PIB ha vuelto a situarse en las cifras anteriores a la crisis, ¿también los indicadores sociales?

Comencemos el análisis con los indicadores que miden la desigualdad.

Como puede verse en el gráfico siguiente, el Índice de Gini de desigualdad de renta disponible se redujo en España 0,002 puntos entre 2014 y 2016, años en los que el PIB empezó a crecer, por lo que, manteniendo dicho ritmo de reducción de forma sostenida, no se alcanzará el Índice logrado en 2007 (0,319) hasta el año 2042.

No obstante, en el caso del Índice S80/S20 (proporción que representan los ingresos del 20% más rico respecto del 20% más pobre), se acortarían los plazos significativamente siempre que se consiguiera mantener la reducción de 0,3 puntos lograda en España en 2016 respecto de 2015. En tal caso, el Índice de 5,5 logrado en 2007 se conseguiría en 2020, pero no olvidemos que en 2015 el dato empeoró respecto de 2014.

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Por tanto, la conclusión es que el ritmo de reducción es lento, de tal manera que tendríamos que plantearnos cómo acelerarlo, siempre con fórmulas que no lastren el crecimiento.

Hagamos el mismo análisis para los indicadores de pobreza. Como se observa el siguiente gráfico, desde el inicio de la crisis, solo en los 3 últimos años se ha conseguido reducir el porcentaje de población en riesgo de pobreza y exclusión social (tasa AROPE). El porcentaje ha descendido en 1,3 puntos porcentuales entre 2014 y 2016, por lo que, si se mantuviese ese ritmo de reducción, no se conseguiría mejorar la tasa de 2007 (un 23,3%) hasta 2023 o 2024.

Doc12-000

Por lo que se refiere a la población con privaciones y carencias materiales severas, vemos en el gráfico que el porcentaje también desciende 1,3 puntos porcentuales entre 2014 y 2016. En este caso, consolidando dicho ritmo de descenso, se alcanzaría el porcentaje de 2007 (el 3,5%) en 2020. Por tanto, es en este indicador en el que las perspectivas son mejores.

En el caso de la población en situación de pobreza monetaria severa (con rentas por debajo del 40% de la renta mediana), analizando los años más recientes, se observa que el porcentaje solo ha descendido en 2016, y tan solo lo hizo 0,5 puntos porcentuales respecto del año anterior. Suponiendo que ese ritmo de descenso se confirmase y mantuviese en los años siguientes, se conseguiría alcanzar el porcentaje de 2007 (el 8%) en 2022.

Por tanto, está claro que todavía nos queda un trecho, en algunos casos largo, para situar los indicadores sociales donde se encontraban antes de la crisis. Estas cifras ponen de manifiesto, al menos en mi opinión, la necesidad de realizar un mayor esfuerzo en la reducción de la pobreza y la desigualdad.

Quiero dejar claro que recuperar los resultados que alcanzábamos en los indicadores sociales en 2007 tampoco es una gran noticia, puesto que ya entonces nos hallábamos lejos de los países más avanzados de la Unión Europea con los que deberíamos converger. En nuevas entradas en el blog volveré sobre este punto crítico: la convergencia con los países que deberían servirnos como referencia.

Pero sigamos con los datos españoles. Como la economía ha vuelto a crecer, pongamos el foco exclusivamente en los años con crecimiento.

Como se observa en el gráfico[i] siguiente, el PIB comienza a repuntar en 2014, pero el traslado del crecimiento a los indicadores sociales no es automático.

Doc11-000

Como puede verse, el porcentaje de población con privaciones y carencias materiales severas parece el más sensible al crecimiento del PIB. Sin embargo, el crecimiento se traslada de forma diferida al indicador de pobreza monetaria severa (basado en el 40% de la renta mediana), mientras que el indicador de pobreza y exclusión social (tasa AROPE) presenta un comportamiento más plano.

Por tanto, el crecimiento no está siendo suficiente para mejorar los indicadores sociales, probablemente porque no está siendo tan inclusivo como nos gustaría y también, por supuesto, porque nuestras políticas redistributivas tampoco son tan efectivas como debieran.

Otro factor clave para que disminuya la desigualdad y la pobreza es la reducción del desempleo. ¿Realmente mejoran los indicadores sociales en la misma medida en que crece el empleo?  

De nuevo, como se observa en el gráfico siguiente, es el indicador de privaciones y carencias materiales severas el más sensible a la evolución de la tasa de desempleo.

Doc12-000

Sin embargo, la tasa AROPE y el indicador de pobreza monetaria severa tienen un comportamiento más plano, aunque también reaccionan positivamente a la creación de empleo en los últimos años.

Centrando el análisis en los años en los que se empieza a generar empleo, en el gráfico siguiente se constata que la caída del porcentaje de personas con privaciones y carencias materiales severas tiene una clara correlación con el descenso de la tasa de paro, mientras que el porcentaje de población en situación de pobreza monetaria severa comienza a disminuir con cierto retraso respecto del descenso del desempleo, en tanto que el porcentaje de población en riesgo de pobreza y exclusión social (tasa AROPE) se reduce en menor medida que los restantes indicadores.

Doc15-000

Para completar la información, en el cuadro siguiente presenta los datos de reducción del desempleo y de mejora de los indicadores sociales en términos absolutos (número de personas).

Doc9-000 (1)

En el cuadro se observa, en primer lugar, que, con el aumento del paro entre 2012 y 2013 se incrementó en todavía mayor medida el número de personas en riesgo de pobreza y exclusión social, en situación de pobreza monetaria severa o con privaciones y carencias materiales severas.

En segundo lugar, vemos que la reducción del desempleo entre 2013 y 2014 no afectó favorablemente al indicador de personas en situación de pobreza monetaria severa, aunque sí a los otros dos indicadores, pero, en cualquier caso, el descenso del número de personas incluidas en estos dos últimos indicadores no fue tan grande como la disminución del número de desempleados.

En tercer lugar, la reducción del desempleo entre 2014 y 2015 sí afectó positivamente a los 3 indicadores, pero el número de personas beneficiarias en cada uno de ellos fue inferior al número de personas que dejan de estar desempleadas. Cabe destacar que en 2016 y 2017 el desempleo se ha reducido en alrededor de 500.000 personas al año, por lo que, previsiblemente, el impacto de las variaciones interanuales en ambos ejercicios en los indicadores analizados será similar al que se observa en el cuadro para 2014 respecto de 2013 y 2015 respecto de 2014.

Veamos ahora el impacto de la reducción del desempleo en los indicadores de desigualdad. Como puede verse en el gráfico siguiente, la reducción de la tasa de desempleo desde 2013 tan apenas ha afectado al Índice de Gini de desigualdad de renta disponible y solo a partir de 2014 ha contribuido a la reducción del Índice S80/S20.

 Doc10-000

Por tanto, a la vista de lo expuesto, el crecimiento económico y la creación de empleo, aunque necesarios, no están siendo suficientes ni para volver al punto de partida en 2007 ni mucho menos para alcanzar el objetivo de converger con los países de referencia en Europa.

Uno de los principales motivos es la precariedad laboral. Si consideramos que en España más de un 90% del empleo temporal es involuntario y más del 60% del empleo a tiempo parcial también lo es, podemos estimar que nada menos que un 34% del empleo total es precario. Es cierto que algunos de estos trabajadores pueden situarse por encima de los umbrales que determinan la existencia de riesgo de pobreza y exclusión social, pero el caso es que no disfrutan de un trabajo indefinido y a tiempo completo que es lo que desean, por lo que calificarlos de trabajadores precarios no es descabellado.

Por otra parte, también hay un porcentaje significativo de trabajadores con contrato indefinido y salarios muy reducidos (en 2016 un 6,2% aparecía reflejado en las estadísticas de Eurostat en la rúbrica de trabajadores pobres), porcentaje que si lo sumamos al porcentaje anterior de trabajadores a tiempo parcial o con contrato temporal que quieren un contrato indefinido y a tiempo completo, nos lleva a un porcentaje acumulado del 40% de trabajadores en situación de precariedad, lo cual explica en buena medida la razón por la que el crecimiento, insuficientemente inclusivo, y la reducción del desempleo, no están mejorando los indicadores sociales tanto como debieran. Por tanto, tenemos un claro problema de predistribución.

Y, por supuesto, también de redistribución debido a la escasa eficacia de nuestras políticas sociales, nuestro diferencial de ingreso y gasto público con los países más avanzados y la falta de eficiencia de las políticas de gasto y del sistema tributario español.

Tiempo tendremos de hablar de todo esto.

No obstante, por ir combinando contenidos, la semana que viene colgaré una presentación sobre posibles mejoras en el modelo de relaciones de la administración tributaria con los contribuyentes, puesto que el impuso del cumplimiento voluntario es uno de los requisitos esenciales para la aplicación efectiva del sistema sistema tributario y, por tanto, para la financiación de las políticas públicas, incluidas las redistributivas.

En definitiva, seguiremos hablando de Fiscalidad y sus universos paralelos, haciendo honor al título del blog.

Gracias por la atención.

[i] Desde el punto de vista metodológico, cabe advertir que cuando comparo la evolución de las tasas de crecimiento del PIB con la evolución de los indicadores sociales, mientras que en el primer caso he reflejado en el gráfico el dato del año tal y como aparece en Eurostat, en el caso de los indicadores sociales (tasa AROPE, pobreza monetaria severa o privaciones y carencias materiales severas) en el gráfico he consignado el dato del año inmediatamente anterior al que aparece en Eurostat, puesto que los indicadores sociales parten de datos recopilados mediante encuestas sobre condiciones de vida referidas al año anterior a aquel en el que se realizan las encuestas, lo que, por ejemplo, hace que los datos que Eurostat imputa al año 2016 en relación con los indicadores sociales realmente correspondan a 2015, mientras que los datos imputados en las estadísticas sobre el PIB a 2016 realmente corresponden a información sobre dicho ejercicio. Con el desempleo (ver gráficos siguientes) sigo la misma metodología que con el PIB.

 

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